miércoles, 1 de octubre de 2008

Angeles y Demonios

Luis Santiago no sólo está ahora ante la Bondad Divina sino que hace parte del ejercito celestial que vigila y protege a los niños de nuestra Colombia. Descansa en paz Ángel mio.

Esta mañana desperté con un desasosiego en el corazón. Luis Santiago había sido secuestrado y asesinado el mismo día. Pero la infamia más grande de sus asesinos fue haberle dejada abierta la puerta de la esperanza a su madre quien lo buscó hasta el último momento.

Con el alma de todos los colombianos destrozada por la infamia, la polémica se abre y todo el país debate sobre la suerte de los culpables. Unos piden que le abran las puertas a la cadena perpetua, otros llegan incluso a pedir la pena capital. Yo en los zapatos de un futuro padre considero que si deben pagar con la mayor pena posible.

Si la justicia Colombiana pudiera hacer sumatoria de condenas por cada acto que se comente contra la sociedad, estos agresores podrían pagar en la cárcel por un largo tiempo y como largo me refiero a 150, 200 y exagerando hasta 300 años tras la rejas. Por esta causa me uno y abogo. No se trata de dejarle la vía libre a los agresores. Se trata de castigar a los más grandes como el padre del pequeño Luis Santiago. Este señor podría pagar una condena por cada acto que cometió contra su propio hijo: secuestro a un menor y asesinato en primer grado. Si a cada uno de estos crímenes se les dá la máxima pena posible, Orlando Pelayo y sus cómplices podrían pasar más de 60 años viviendo el infierno que se merecen.

Dios le de el descanso eterno a este Ángel y que no solo la justicia Colombiana caiga sobre estos delincuentes sino que la justicia Divina castigue a estos demonios que se camuflan entre nosotros.